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Hoy me llamó mi amigo Pablo para leerme esta frase que encontró en un libro de Tim O`Brien: ”.
– Alejandro Zambra, Formas de volver a casa
Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. los padres protegen o desprotegen, pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van.
– Alejandro Zambra: Formas de volver a casa

pedacitos de incertidumbre: el día que se murió el flaco

brunomenarvino:

Ese día que creía nunca iba a llegar, pero la muerte no sabe de justicia, y menos de justicia poética.
Y en el duelo aparecieron polaroids de un tipo que tocó mi vida para siempre. Más de las que esperaba
1, la canción q grabamos con @josepace hecha con todas las palabras de “Ah… basta de…

Él (II)


Enfrenta el espejo con la altivez del hermoso. Tal vez un archiduque, un noble.
Hoy es uno de esos días largos. Le toca trabajar y espera algunos llamados que quedaron pendientes del fin de semana.
Prende el primer porro del día. Lo enamora el humo que le entra por todas partes y se la pone dura. Ya. 
También es hora de la primera paja, dura poco. Invoca su propia imagen penetrando frente a un espejo a alguien que parece no estar disfrutando. Cambia de película como quien hace zapping. Ahora está ella, y alguien más. No llega a visualizar todo lo que quiere. Lo sorprende la precocidad, el fin.
Entiende que es hora de ver a la madre. Hace unos días que no pasa y no tiene mucho para el  almuerzo en lo que puede juntar, sin demasiada creatividad, de su heladera con restos de hojas y óxido  y de la alacena, pelada.  Agarra las llaves, le tira un perfil al espejo y sale como el llanero.
Practica las palabras que repetirá al oído de ella cuando la vea.  Vuelve a excitarse. Mientras corta un pedazo de milanesa y la embadurna con puré de papas. Mamá le dice que tiene el pelo muy largo, y que esa remera la tiene que tirar a la mierda.
Un eructo le gana a lo que piensa retrucar. La vieja empieza a  hablar de la hermana:  le relata el episodio del novio tirando piedras a la ventana la madrugada pasada. Agrega que estaba drogado o algo. Que casi tira la puerta abajo. Llora. Ella lo perdonó y lo hizo pasar. Le cogieron toda la noche en la oreja. Descarados. Suficiente.
La sobremesa y la play van de la mano. Como cada mediodía encara para lo del flaco, donde ya lo esperan cuatro más y un fixture hecho en el reverso de un folleto de pintura. Se agrega justo a tiempo. Le toca el tercer turno.
Prende otro porro. Lo pasa y se va al baño. Cuando está por mear le cae un mensaje. No es lo que esperaba. Calcula el tiempo de play, de cuelgue, y se olvida que en la otra mano tiene el meador. Salpica para todas partes y decide sentarse para contestar el mensaje sin soltarlo. Él se vuelve a endurecer.
Camina a la casa donde fue convocado, los párpados se le andan queriendo caer. Les da pelea. Ella lo espera con una sonrisa que le dura hasta que se da cuenta lo que va a pasar: él se va a dormir. Ella le pone el celular en silencio. Él se duerme, como cada vez, con el bicho en la mano.
Despierta a las 7:30 de la tarde. Ella no está. Mira el reloj con números romanos que cuelga prolijamente del departamento. Se asoma a la ventana y advierte a la vecina, cambiándose la remera. Dura de nuevo. Decide esperarla con la cena pero en cambio se pajea en la cama de ella. Deja una ventana entreabierta y se va.
Nacho le escribe diciéndole que va para su casa. Llegan  juntos. Comienzan a hablar de alguien. Lo hacen con odio y saña. Palabras como morales radicales. No son capaces de sostener con la misma convicción, nada que los involucre.
Él no para fumar. Y cuando se promete prender el último, encuentra en el paquete de Phillip de diez, el tercer porro del día. Se ensañan, toman decisiones sobre cómo es y por qué. Hipotetizan, imaginan.  Y vuelve a aparecer ella, desdibujada. No la llega a ver del todo. Es como si no pudiera ir más lejos, pero le ocurre otra vez.
Escucha un gemido que proviene del baño. Se le pone más dura todavía. Acerca la oreja. Nacho está en la misma, piensa. Y sin detenerse en los detalles, ni en los fantasmas, ni en las preguntas, ni en la hora de la tarde, prende el Split en 24 y se desploma en su nido de sábanas mugrientas.

Él (I)


Oye con detalle los ruidos que provienen del jardín.
Algunos otros cuelan sus sonoridades:
un perro, una alarma que dispara a unos 200 metros,
un vehículo, un trueno.
Y ella no calla.
Nada parece interrumpir su impulso de hablar,
 de vomitar sin obstáculos las palabras,
 que ya ha puesto juntas.
Las elucubra por las noches, en los tiempos muertos.
Mucho. Facebook. Poca alma.
Una vela desencajada del ángulo del estante en la que se encuentra,
 la planta dobla su follaje hacia la ventana:
 “él”, “no puede hacerme esto”, “porque yo estoy cansada”, “y ahora se enoja”.
¿Qué canción se entromete en mi frecuencia modulada?
Necesariamente distraigo la atención,
me preservo de oír la crueldad que trae el enojo.
Vuelvo al mundo ornamental, diviso tierra en el zócalo,
Advierto, tirada en un rincón,
la llave  que tanto buscamos.
Y ella sigue.
Sufre.  Se queja.
Quietud, pasividad, su sombra.
Una fuerza proveniente del centro de sí.
Y nadie más.
La insatisfacción ahora le brota por los mocos.
Escucho el soplido.
Adivino el espesor, no es la primera vez que llora en el día.
La ausencia es la forma que encuentra de describir su mundo.
No puedo sacar los ojos: del color de la guitarra,
del palo de lluvia que así apoyado  puede caer,
y prefiero su ruido, sutil y permanente.
Antes que la voz ya cortada que continúa señalando con un dedo.
Es él. Nunca otra cosa.
No la lista escrita en papel higiénico (aunque sea)
No la posibilidad de pensar en renunciar al amor propio
A la ceguera.
Un caballo con anteojeras, un mono con navaja,
por fin un par de gotas en el techo
y un mensaje de texto salvador:
“el la extraña”.
Y entonces resoplando el flequillo sobre los ojos,
Se para abruptamente y revoleando las caderas,
de la nada, encara para la puerta y se despide confesando
que ya se siente mucho mejor.

kiameku:

Steve Wolfe
Untitled (Man Ray Photographs I)
1991
Oil, screenprint, modeling paste, paper, canvasboard and wood
12 1/8 x 11 1/2 x 9 inches 
(30.8 x 29.21 x 22.86 cm)

kiameku:

Steve Wolfe
Untitled (Man Ray Photographs I)
1991
Oil, screenprint, modeling paste, paper, canvasboard and wood
12 1/8 x 11 1/2 x 9 inches
(30.8 x 29.21 x 22.86 cm)

Breve tierra

El monte está denso.

Eucaliptus. Yuyos. Pastos duros.

Doblada  sobre su propio cuerpo,

 arrastra hediendo alcohol,

 la oscuridad de ese agosto.

De huracanes.

La pampa le canta con la lengua seca

una melodía hecha de golpes.

Apagados y agudos. Parches de pelo de cabra y de cuero de vaca.

Y  la tierra que se eleva y va directo a los ojos.

Los agrede.

Casi los deja pegarse.

Alguien parece seguirla: la culpa en un reclamo, la palabra justa siempre. Yo.

Y  la otra que corre. 

Y en su campo de visión: el verde terroso, la ruta, más monte y la figura humana encorvada, que ahora de rodillas

y con un gesto de dolor,

se toma a un poste y mira la botella.

Le da un beso torpe y la deja caer.

Está rota en dos pedazos.

La melodía parece apagarse.

El viento amaina.

Dos que parecen una.

La pasta en la boca, que es el ego hecho de frutas dulces,

siente ahora entre los labios. 

Sed,

mucha sed y nada más que tierra.

ivanadaime:

Philographics es un proyecto del diseñador Genis Carreras en el que traduce de manera minimalista una serie de conceptos filosóficos y políticos en posters (via Brain Pickings)

ivanadaime:

Philographics es un proyecto del diseñador Genis Carreras en el que traduce de manera minimalista una serie de conceptos filosóficos y políticos en posters (via Brain Pickings)

(via lluviaacida)

Qué actor! lo descubrí en su papel de embalsamador de funeraria en Six Feet Under

Qué actor! lo descubrí en su papel de embalsamador de funeraria en Six Feet Under

(via isatchannel)

iamnotafuckinprinceiamtheking:

Scott Pilgrim vs Michael Cera

Me encanta Michael Cera Mal !

iamnotafuckinprinceiamtheking:

Scott Pilgrim vs Michael Cera

Me encanta Michael Cera Mal !

Hoy me llamó mi amigo Pablo para leerme esta frase que encontró en un libro de Tim O`Brien: ”.
– Alejandro Zambra, Formas de volver a casa
Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. los padres protegen o desprotegen, pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van.
– Alejandro Zambra: Formas de volver a casa
lldf:

#social #media

lldf:

#social #media

coldraresteaksandwich:

Carolyn Gavin

coldraresteaksandwich:

Carolyn Gavin

pedacitos de incertidumbre: el día que se murió el flaco

brunomenarvino:

Ese día que creía nunca iba a llegar, pero la muerte no sabe de justicia, y menos de justicia poética.
Y en el duelo aparecieron polaroids de un tipo que tocó mi vida para siempre. Más de las que esperaba
1, la canción q grabamos con @josepace hecha con todas las palabras de “Ah… basta de…

(Source: 1henderswag, via celestisima)

Él (II)


Enfrenta el espejo con la altivez del hermoso. Tal vez un archiduque, un noble.
Hoy es uno de esos días largos. Le toca trabajar y espera algunos llamados que quedaron pendientes del fin de semana.
Prende el primer porro del día. Lo enamora el humo que le entra por todas partes y se la pone dura. Ya. 
También es hora de la primera paja, dura poco. Invoca su propia imagen penetrando frente a un espejo a alguien que parece no estar disfrutando. Cambia de película como quien hace zapping. Ahora está ella, y alguien más. No llega a visualizar todo lo que quiere. Lo sorprende la precocidad, el fin.
Entiende que es hora de ver a la madre. Hace unos días que no pasa y no tiene mucho para el  almuerzo en lo que puede juntar, sin demasiada creatividad, de su heladera con restos de hojas y óxido  y de la alacena, pelada.  Agarra las llaves, le tira un perfil al espejo y sale como el llanero.
Practica las palabras que repetirá al oído de ella cuando la vea.  Vuelve a excitarse. Mientras corta un pedazo de milanesa y la embadurna con puré de papas. Mamá le dice que tiene el pelo muy largo, y que esa remera la tiene que tirar a la mierda.
Un eructo le gana a lo que piensa retrucar. La vieja empieza a  hablar de la hermana:  le relata el episodio del novio tirando piedras a la ventana la madrugada pasada. Agrega que estaba drogado o algo. Que casi tira la puerta abajo. Llora. Ella lo perdonó y lo hizo pasar. Le cogieron toda la noche en la oreja. Descarados. Suficiente.
La sobremesa y la play van de la mano. Como cada mediodía encara para lo del flaco, donde ya lo esperan cuatro más y un fixture hecho en el reverso de un folleto de pintura. Se agrega justo a tiempo. Le toca el tercer turno.
Prende otro porro. Lo pasa y se va al baño. Cuando está por mear le cae un mensaje. No es lo que esperaba. Calcula el tiempo de play, de cuelgue, y se olvida que en la otra mano tiene el meador. Salpica para todas partes y decide sentarse para contestar el mensaje sin soltarlo. Él se vuelve a endurecer.
Camina a la casa donde fue convocado, los párpados se le andan queriendo caer. Les da pelea. Ella lo espera con una sonrisa que le dura hasta que se da cuenta lo que va a pasar: él se va a dormir. Ella le pone el celular en silencio. Él se duerme, como cada vez, con el bicho en la mano.
Despierta a las 7:30 de la tarde. Ella no está. Mira el reloj con números romanos que cuelga prolijamente del departamento. Se asoma a la ventana y advierte a la vecina, cambiándose la remera. Dura de nuevo. Decide esperarla con la cena pero en cambio se pajea en la cama de ella. Deja una ventana entreabierta y se va.
Nacho le escribe diciéndole que va para su casa. Llegan  juntos. Comienzan a hablar de alguien. Lo hacen con odio y saña. Palabras como morales radicales. No son capaces de sostener con la misma convicción, nada que los involucre.
Él no para fumar. Y cuando se promete prender el último, encuentra en el paquete de Phillip de diez, el tercer porro del día. Se ensañan, toman decisiones sobre cómo es y por qué. Hipotetizan, imaginan.  Y vuelve a aparecer ella, desdibujada. No la llega a ver del todo. Es como si no pudiera ir más lejos, pero le ocurre otra vez.
Escucha un gemido que proviene del baño. Se le pone más dura todavía. Acerca la oreja. Nacho está en la misma, piensa. Y sin detenerse en los detalles, ni en los fantasmas, ni en las preguntas, ni en la hora de la tarde, prende el Split en 24 y se desploma en su nido de sábanas mugrientas.

Él (I)


Oye con detalle los ruidos que provienen del jardín.
Algunos otros cuelan sus sonoridades:
un perro, una alarma que dispara a unos 200 metros,
un vehículo, un trueno.
Y ella no calla.
Nada parece interrumpir su impulso de hablar,
 de vomitar sin obstáculos las palabras,
 que ya ha puesto juntas.
Las elucubra por las noches, en los tiempos muertos.
Mucho. Facebook. Poca alma.
Una vela desencajada del ángulo del estante en la que se encuentra,
 la planta dobla su follaje hacia la ventana:
 “él”, “no puede hacerme esto”, “porque yo estoy cansada”, “y ahora se enoja”.
¿Qué canción se entromete en mi frecuencia modulada?
Necesariamente distraigo la atención,
me preservo de oír la crueldad que trae el enojo.
Vuelvo al mundo ornamental, diviso tierra en el zócalo,
Advierto, tirada en un rincón,
la llave  que tanto buscamos.
Y ella sigue.
Sufre.  Se queja.
Quietud, pasividad, su sombra.
Una fuerza proveniente del centro de sí.
Y nadie más.
La insatisfacción ahora le brota por los mocos.
Escucho el soplido.
Adivino el espesor, no es la primera vez que llora en el día.
La ausencia es la forma que encuentra de describir su mundo.
No puedo sacar los ojos: del color de la guitarra,
del palo de lluvia que así apoyado  puede caer,
y prefiero su ruido, sutil y permanente.
Antes que la voz ya cortada que continúa señalando con un dedo.
Es él. Nunca otra cosa.
No la lista escrita en papel higiénico (aunque sea)
No la posibilidad de pensar en renunciar al amor propio
A la ceguera.
Un caballo con anteojeras, un mono con navaja,
por fin un par de gotas en el techo
y un mensaje de texto salvador:
“el la extraña”.
Y entonces resoplando el flequillo sobre los ojos,
Se para abruptamente y revoleando las caderas,
de la nada, encara para la puerta y se despide confesando
que ya se siente mucho mejor.

kiameku:

Steve Wolfe
Untitled (Man Ray Photographs I)
1991
Oil, screenprint, modeling paste, paper, canvasboard and wood
12 1/8 x 11 1/2 x 9 inches 
(30.8 x 29.21 x 22.86 cm)

kiameku:

Steve Wolfe
Untitled (Man Ray Photographs I)
1991
Oil, screenprint, modeling paste, paper, canvasboard and wood
12 1/8 x 11 1/2 x 9 inches
(30.8 x 29.21 x 22.86 cm)

Breve tierra

El monte está denso.

Eucaliptus. Yuyos. Pastos duros.

Doblada  sobre su propio cuerpo,

 arrastra hediendo alcohol,

 la oscuridad de ese agosto.

De huracanes.

La pampa le canta con la lengua seca

una melodía hecha de golpes.

Apagados y agudos. Parches de pelo de cabra y de cuero de vaca.

Y  la tierra que se eleva y va directo a los ojos.

Los agrede.

Casi los deja pegarse.

Alguien parece seguirla: la culpa en un reclamo, la palabra justa siempre. Yo.

Y  la otra que corre. 

Y en su campo de visión: el verde terroso, la ruta, más monte y la figura humana encorvada, que ahora de rodillas

y con un gesto de dolor,

se toma a un poste y mira la botella.

Le da un beso torpe y la deja caer.

Está rota en dos pedazos.

La melodía parece apagarse.

El viento amaina.

Dos que parecen una.

La pasta en la boca, que es el ego hecho de frutas dulces,

siente ahora entre los labios. 

Sed,

mucha sed y nada más que tierra.

ivanadaime:

Philographics es un proyecto del diseñador Genis Carreras en el que traduce de manera minimalista una serie de conceptos filosóficos y políticos en posters (via Brain Pickings)

ivanadaime:

Philographics es un proyecto del diseñador Genis Carreras en el que traduce de manera minimalista una serie de conceptos filosóficos y políticos en posters (via Brain Pickings)

(via lluviaacida)

Qué actor! lo descubrí en su papel de embalsamador de funeraria en Six Feet Under

Qué actor! lo descubrí en su papel de embalsamador de funeraria en Six Feet Under

(via isatchannel)

iamnotafuckinprinceiamtheking:

Scott Pilgrim vs Michael Cera

Me encanta Michael Cera Mal !

iamnotafuckinprinceiamtheking:

Scott Pilgrim vs Michael Cera

Me encanta Michael Cera Mal !

"Hoy me llamó mi amigo Pablo para leerme esta frase que encontró en un libro de Tim O`Brien: ”."
"Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. los padres protegen o desprotegen, pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van."
Él (II)
Él (I)
Breve tierra

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